Friday, March 31, 2017

Democracia y el desprestigio de la protesta

Democracia y el desprestigio de la protesta

En estos últimos días han circulado, por las redes y medios de comunicación, las imágenes de un estudiante que le escupe a un profesor durante las actividades de huelga en la Universidad de Puerto Rico. Las reacciones ante tal acto no se han hecho esperar y las redes sociales así lo evidencian. Por un lado se expresan quienes apoyan el acto y la causa. Por otro, se posicionan quienes catalogan el gesto como una afrenta a la dignidad humana y clasifican al movimiento estudiantil, peyorativamente, de “pelús” y “comunistas”. Es en esta lluvia de acusaciones y críticas en lo que quisiera centrar la atención pues parece evidente que la agresión contra el profesor constituyó una humillación, además resulta innegable que la opinión pública la ha desaprobado y se recrimina violentamente al perpetrador. Esta acción ha propiciado un ambiente de animosidad que, a su vez, ha expuesto un sentimiento, aparentemente generalizado, de rechazo a la protesta. Una actitud, profundamente extraña dentro de un régimen político democrático pero no tan descabellada dentro de uno en el que la democracia sea de carácter superficial.

Este fenómeno merece especial atención pues: ¿Cómo es posible que un país, que se considera a sí mismo democrático, sea incapaz de admitir la protesta como mecanismo legítimo de lucha? Es aquí donde entran en juego la historia colonial de la isla y el trabajo de los medios de comunicación para demonizar cualquier esfuerzo subversivo. En este sentido el dominio colonial que descansa sobre Puerto Rico ha logrado desmontar cualquier imaginario crítico. Para conquistarlo se ha trabajado desde la educación, mediante la supresión de la historia combativa del país, favoreciendo un pobre desarrollo del pensamiento crítico colectivo y la institucionalización de la normalidad como meta de vida. Una normalidad caracterizada por el respeto absoluto a un ordenamiento social que prima el valor productivo de las instituciones sobre las condiciones dignas de convivencia.

Desde el sistema educativo se han promovido conductas que tienden a la docilidad, a la enajenación y al desconocimiento del propio sistema social que se habita. De esta forma, se ha construido una ciudadanía preocupada casi exclusivamente por las libertades individuales, con carencias a nivel de pensamiento y con pleno desconocimiento de sus derechos y deberes. Se ha producido una ciudadanía que no conoce su relación con el gobierno y que ignora las causas y la profundidad de la actual crisis social. Se ha potenciado una paulatina muerte del carácter sociopolítico puertorriqueño al reducirlo a la banal politiquería que atiende temas de estatus basados en la ficción. En otras palabras, desde la educación y los medios de masa se ha reducido al sujeto político a un ser sumiso, personalista y falto de visión de conjunto. Se ha limitado la puertorriqueñidad a los deportes, al “vacilón” y una falsa corrección social  que castiga cualquier transgresión al ordenamiento vigente.  

La falta de ciudadanía es evidente en los comentarios en detrimento de la huelga. Cuando se les responsabiliza del problema de la universidad a los “pelús”, a “los miqueadores que no quieren estudiar” o a los “comunistas que quieren destruir el país”. “Quieren terminar como Cuba o Venezuela” dicen algunos, ignorando la falta de contexto y mostrando orondamente su desconocimiento por el desarrollo de las distintas sociedades. Se recurre, con frecuencia, a la demonización yanqui de la izquierda donde todo lo que aspire a propiciar escenarios de justicia social es producto del comunismo y del socialismo. Es la reducción de toda persona que crea en la igualdad, en la justicia y en el bien común, a comunista. Una crítica que necesariamente resalta el carácter anómalo del transgresor quien además rompe con las normas de estética establecidas. En resumidas cuentas, los subversivos constituyen la minoría, son problemáticos, violentos, pelús y comunistas. Son el auténtico reflejo de seres antisociales que no pueden adaptarse a la norma moral del país. Los subversivos constituyen una construcción simplista y problemática del “otro” que representa un problema para aquellos que quieren vivir en paz. Aquellos que atesoran y exaltan la presencia del yugo en sus vidas. Un yugo que ha sido aceptado mayoritariamente tras décadas de bombardeo ideológico.

Los productos más notables de esa deformación cultural son la apatía y el sentir apolítico de muchos que se refugian tras la frase de “todos los políticos son iguales” o “las cosas siempre han sido así”. Unas expresiones que evidencian el fracaso de nuestro proyecto de país pues es la ciudadanía, constituyendo la base de los gobiernos democráticos e incluso en aquellos de formulación aparente, la responsable de provocar la transformación social. El notable desprestigio de la protesta en nuestro país es uno de los principales indicadores de este fracaso. Y por una parte, responde al esfuerzo invertido desde las instituciones para degradar el espíritu de la ciudanía. Un esfuerzo por construir una población maleable, que asuma las embestidas en su contra con naturalidad y desesperanza.  

En segundo término, el carácter arbitrario de “la izquierda” ha contribuido a la reducción de adeptos y a la fuerte crítica desde el sector civil. La falta de inclusión, la rigidez estructural y el resentimiento mostrado hacia la apatía ciudadana no han resultado como armas eficaces para impulsar movimientos de resistencia. El anquilosamiento en imaginarios de luchas de clase, la reducción al dualismo de buenos y malos, de burgueses y explotados, al final se ha quedado corto. Pues la característica fundamental del sistema moral sociopolítico capitalista es precisamente su dinamismo. Su capacidad para borrar fronteras y ocupar espacios diversos incluida, principalmente, la moral. Una moral que nos relaciona con el trabajo, con el bien y el mal, y que condiciona la especial relación entre la libertad individual y las aspiraciones colectivas. Siendo la libertad individual el motor de un sistema centrado en la valoración de las oportunidades y que considera la capacidad de elegir como sinónimo de libertad. En otras palabras, vivimos en un sistema moral-social en el que se valora a la gente en función de su relación con la propiedad y donde la felicidad se vincula al abanico de opciones a consumir desde el imaginario de libertad material. De ahí que cada vez que hay una marcha y se detiene el tráfico las personas viven enfurecidas con los manifestantes pues les han atrasado en su cotidianidad, han violentado su libertad individual, pero la reflexión sobre el marco colectivo es inexistente. Se aboga por la solidaridad, siempre y cuando no afecte la correcta consecución de mi interés. Un interés que cada vez es más abarcador y versátil gracias a las nuevas tecnologías y el factor de la inmediatez.

 En esa misma línea y como tercer punto en cuanto al desprestigio de la protesta, se encuentra el propio cambio social que va exigiendo nuevas formas de lucha que cada vez se distancien de los enfrentamientos tradicionales. La verdadera transgresión al poder hegemónico, a mi juicio, no está en la protesta y la demostración de poder momentánea sino en el modo de organización autogestionado. El impulso ciudadano de nuevos imaginarios económicos que atenten contra la relación social con la propiedad. La proliferación de redes horizontales de producción y consumo, el distanciamiento de los sectores financieros y la constante fiscalización de los actores políticos desde las redes sociales son solo algunos pasos hacia ese cambio de paradigma de lucha. De igual forma será importante evitar caer en ciclos individualistas pues el éxito de estas acciones reside en el diálogo y la puesta en común de intereses que materialicen resultados concretos. Esta modalidad de lucha no se limita a la firma de peticiones online o al poder del “like” en las redes sociales sino que debe ser un complemento entre pensamiento, comunicación y acción tanto a nivel virtual como real/físico.

En definitiva, por una parte, considero que como país necesitamos entrar a observar los procesos sociales desde la complejidad, lejos de los personalismos o la moral de lo políticamente correcto. Es necesario empezar a pensar procesos y pasos concretos para crear un proyecto colectivo. Es preciso dejar el imaginario de dependencia  pues la situación presente obliga a idear proyectos de autoabastecimiento y subsistencia. Es momento de pensar en el país que queremos y en qué hace falta para construirlo. Como requisito básico para iniciar esa reflexión, es necesario apartar las gríngolas partidistas. Por un lado, el Partido Popular ha fallecido después de la decisión de Sánchez-Valle. Este es un hecho evidente, contundente e inescapable. Por su parte, el Partido Nuevo Progresista tiene como negocio vender un sueño que nunca se materializará y eso es una realidad. En la política, las asimetrías de poder deben ser tomadas en serio y más aún si la relación es de carácter colonial como bien lo evidencia la Junta de Control Fiscal. Una Junta que opera de forma muy distinta a como lo ha hecho en el pasado con otros estados de la unión. Una situación lógica en función de la relación desigual con la metrópolis.  

En cualquier caso, la partidocracia que gobierna y divide al país ha perdido su poder a manos de la Junta de control fiscal. Una Junta que gobierna por encima de un gobierno que ha demostrado ser igual de ineficiente que sus predecesores. Ante este escenario pregunto yo… ¿Qué detiene a la ciudadanía de salir a la calle y lograr la renuncia del gobierno, reformar el sistema político y nombrar gente competente para dirigir el país? ¿Qué se interpone entre el ejercicio del poder y la ciudadanía? ¿Cuál es la dificultad para imaginar un proyecto de país? ¿Qué detiene a los puertorriqueños de crear movimientos autogestionados que atenten contra los poderes tradicionales? Cierto es que ya se ha empezado a mover la sociedad de forma horizontal pero esto no debe excluir la forma vertical del poder. Pues es esa última la que oficializa y legitima el proyecto de país.

En definitiva, ya viene siendo hora de trabajar en todas direcciones. Ya viene siendo hora de incidir en el mundo político. Porque esa esfera de interacción no está reservada para unos cuantos sino para todos. Ya basta de tolerar la mediocridad en las instituciones que rigen, o regían, el destino del país. Es momento de adueñarse del futuro antes de que no quede país por reconstruir. El resto del mundo ya ha logrado su soberanía. ¿A qué esperamos nosotros? Aún sigue vigente la pregunta que en su momento hizo Betances: ¿Qué le pasa a los puertorriqueños que no se rebelan? A estas alturas ya no son necesarios los fusiles pues las armas son de otra índole y las redes sociales así lo han demostrado. A estas alturas nos queda como única opción construir un país.

Víctor A. Meléndez

      

Monday, February 16, 2015

Desahogo sobre el tiempo

Desahogo sobre el tiempo...


Hace ya tres años que regresé a este país y debo confesar que la indignación que siento ante nuestro pobre desarrollo social es bastante importante. Por un lado veo gente que trata de hacer cosas positivas, veo amigxs que fungen como voluntarios, veo a seres queridos que día a día se levantan para "echar pa alante" un país que se resiste no solo desde la cúpula de poder sino también desde la propia base. Una base donde unos poquitos tienen ideas de futuro y sueñan con un proyecto de país mientras otros muchos viven del cuento y enfrentan la vida social con un "que se joda". Sé que suena pesimista e incluso derrotista, pero esa no es la idea... yo sigo pensando que los cambios sociales empiezan por unas pocas personas y luego cogen rumbo en el tejido social pero no deja de incomodarme la complacencia, la mediocridad, la ignorancia que abunda en el país. No dejan de molestarme los parchos a medias, los vendajes artificiales que se presentan desde las instituciones de poder para calmar a aquellos que exigimos cambios sustanciales. Al ver movimientos sociopolíticos como PODEMOS, o el cambio de gobierno griego no puedo evitar pensar que esta tendencia tarde o temprano llegará a Puerto Rico. 

Claro, estas tendencias no llegan del cielo así como la estadidad o nuestro sistema moribundo de gobierno sino que hay que traerlas, construirlas, elaborarlas y si es necesario halarle de los pelos hasta instalarlas en el imaginario colectivo de la forma que sea porque este país no aguanta más. Porque estas cuatro millones de personas merecen mucho más que sobrevivir o guisar del "mantengo". Tenemos que hacer un país y eso suele costar trabajo, sacrificios pero sobre todo solidaridad e ilusión de futuro, cosas que hemos ido perdiendo bajo un sistema social colonial, excluyente, segregacionista y explotador que replicamos tan a gusto diariamente. Yo sé que van a haber más de uno que me van a criticar, que van a decir que sueño con "pajaritos preñaos" pero la verdad está en nuestras narices y decidimos evadirle la mirada. Una mirada que nos recuerda que nuestro derecho de autodeterminación lo poseen otros, que nuestro desarrollo económico y sociopolítico dependen en propiedad de la metrópolis y que no somos más que una "ilusión penosa¨ de un país que tan siquiera ni existe. Es esa misma mirada la que nos obliga a reconocer que somos un narco-país con todas las de la ley, que nuestra economía formal sobrevive en gran medida por el abrumador peso de la economía subterránea con base en lo ilícito y que la emigración y los asesinatos sostenidos nos presentarán un reto interesante a nivel demográfico en los próximos años. OJO, todo esto sin entrar en materia de educación, currículo, espacios y desarrollo urbano, gestión agrícola y política de suelos entre otros temas de interés. 

A lo que quiero llegar es que nuestro atentado de país se nos está quedando muy pequeño y es hora de empezar a tomar medidas coherentes que apunten a la creación de un Puerto Rico real al que podamos llamar PAÍS. En primer lugar es necesario reformar el aparato de gobierno de Puerto Rico. Este es un gobierno gigante que alberga gente de más, y no me refiero el funcionario de gobierno promedio que sufre los atropellos igual que cualquier hijo de vecino. Me refiero a tanta alcaldía para gestionar tan poco territorio. Por qué no se utiliza el mapa geopolítico de los distritos senatoriales para dividir el país y creamos nuevos mecanismos para gestionar los bienes y servicios de gobierno. A esto se le debe añadir una revisión y posterior reforma de las respectivas cámaras legislativas y de los contratos y beneficios de sus integrantes porque ser funcionario público es servir, no es vivir de lo público. Así que rompemos con la diferenciación y jerarquización de los servidores públicos. Por otra parte es necesario romper con el absolutismo bipartidista que tenemos y qué mejor forma para hacerlo que entablando una negociación bilateral con Washington para estipular acuerdos que nos brinden libertad económica y comercial. Esta es una iniciativa que deberá recaer sobre un comité transdisciplinario compuesto por representantes de los diversos sectores que componen nuestra sociedad (académicos, comerciantes, profesionales de la salud, desarrolladores etc). En caso de una negativa por parte de los colonizadores (o de igual forma será necesaria) una asamblea nacional que revise la constitución y elimine los estatutos coloniales y reafirme los cambios a la estructura de gobiernos porque después de todo los países tienen derecho a su autodeterminación. 

A estas alturas ya empieza a verse altamente improbable el proceso en cuestión, y eso que no hemos entrado a hablar de la eliminación de las ayudas federales, de las nuevas políticas relacionadas a los narcóticos, las nuevas políticas en torno al empleo y creación de negocios propios con capacidad de exportación. Tampoco hemos hablado de la reinvención agrícola, de los espacios públicos ni de la educación que deseamos para el futuro. En otras palabras este pequeño plan apenas inicia pero necesita de personas como ustedes. Seres humanos capaces, con ideas, con imaginarios y proyectos de país para Puerto Rico. Este corto ensayo inició como una descarga movida por la insatisfacción que siento por el devenir social del país pero tiene el potencial de convertirse en una plataforma abierta para la creación y gestión de propuestas que en algún momento podrán desbancar y sustituir de forma responsable a los mediocres que nos gobiernan. Haciendo propuestas y planes de gobierno es que cambian las sociedades, porque cuando la democracia es secuestrada, distorsionada y abusada le corresponde a la ciudadanía reinventarla y apropiarse de los espacios de poder. Por eso, al igual que PODEMOS, Democracia Real Ya, Democracy Now entre otros nosotros también tenemos la capacidad de transformar el país al apropiarnos de sus instituciones y usándolas para lo que son; servir a la mayoría y fomentar justicia social.

Así que en vez de esperar a que lluevan sistemas políticos justos y a que la "cosa mejore gracias a Dios" vamos a crear nosotros el sistema social que deseamos y por consiguiente forjemos el país que anhelamos. 

Víctor A. Meléndez
16 feb 2015









 

Thursday, May 8, 2014

Puerto Rico: Entre desnudos y fundamentalismo

            Las sociedades domestican a los individuos a través de mitos e ideas, las cuales a su vez domestican las sociedades y a los individuos, aunque los individuos podrían recíprocamente domesticar sus ideas al mismo tiempo que podrían controlar la sociedad que los controla.
Edgar Morin

            Los mitos e ideas nos permiten construir la realidad que habitamos. Nos permiten crear imaginarios, llegar a acuerdos tácitos y elaborar significados comunes que en algún punto de nuestra existencia denominamos como cultura. El lenguaje, el arte, las religiones, los símbolos, la gestión del poder (política), las dinámicas de intercambio (economía) e incluso nuestra sexualidad están definidos por pautas e imaginarios culturales. Estos “consensos”, tácitos o no, suelen entrar en conflicto con relativa frecuencia, sobre todo en las sociedades democráticas, caracterizadas mayormente por el sufragio universal, la tenencia de derechos y particularmente la libertad de expresión. Es dentro de éste contexto que deseo presentar la siguiente situación.

            Durante el día de hoy, jueves 8 de mayo de 2014, se ha producido un incidente que ha puesto a prueba nuestros parámetros de tolerancia y trastocado las bases de los consensos socioculturales y políticos del país. Según los medios informativos de Puerto Rico un grupo de individuos se personó en una de las concurridas plazas del viejo San Juan a eso de las 11:30 de la mañana y sin mediar palabra con nadie se despojaron de sus atuendos. Esta situación causó un revuelo increíble provocando que maestras con grupos de jóvenes escolares tuvieran que huir del lugar para impedir la contaminación moral de su alumnado. A esto se le añade el efecto devastador que generó en los turistas que visitaban nuestra capital que observaban perplejos cómo un grupo de estudiantes de la Escuela de Artes Plásticas intentaba rememorar la indecorosa escena en sus libretas de arte. Pasados unos minutos procedieron los agentes de ley y orden, como paladines al rescate de la dignidad humana, a realizar las debidas advertencias y gestionar los muy merecidos arrestos. Horas más tarde los medios lograron obtener una reacción de la alcaldesa Carmen Yulín quien se expresa sobre la manifestación de la siguiente forma:

 "Hay una diferencia entre el arte que todos respetamos y que en San Juan se ha convertido en vehículo de desarrollo económico y social, y el de imponer lo que uno quiere ante otros"

Existe quien piense que este es un planteamiento en favor de la democracia y en defensa de los derechos y dignidades de toda la ciudadanía. Que consiste en un llamado en contra de la imposición y de cierta forma ataca la tiranía y el abuso de unos grupos sobre otros. Todo esto aparenta tener perfecto sentido pero me pregunto… ¿Cuál es la finalidad del arte? ¿Acaso los desnudos son una transgresión al bienestar público? ¿Acaso no es violencia ignorar y desconocer el cuerpo y su belleza? ¿Cuál es la causa real de tanto revuelo e indignación sobre algo que vemos desprestigiado a diario en programas de televisión? Y ¿Cuáles son los derechos que se están protegiendo? ¿Y los de quién?

Ante esta última interrogante la alcaldesa responde que su deber es "proteger los derechos de todos y establecer el balance entre esa libertad de expresión que tenemos todos y los derechos de otros que podrían considerar las acciones no aptas". Este planteamiento resulta de gran valor pues atiende a la justicia en el trato a los derechos de todos pero, cómo podemos hablar de los derechos de todos si priman los derechos de unos sobre otros. La versión de libertad de la alcaldesa parece responder al concepto descrito por Stuart Mill donde cada cual puede hacer aquello que le haga feliz sin perjudicar a sus semejantes. Aunque este punto presenta una interrogante fundamental. ¿Qué es perjudicar, hacer mal, dañar la moral o a otros? ¿Cómo determinamos qué es dañar a los demás? Si entendemos que dañar es sinónimo ejercer violencia, de cualquier tipo, sobre algo o alguien también es preciso reconocer que la violencia se refiere a cualquier actividad que obstruya el desarrollo de los seres humanos. A lo que debo cuestionar ¿Cómo afecta la desnudez o un acto artístico el desarrollo de la ciudadanía? ¿Acaso puede generar traumas o desordenes psicológicos que afectarán el devenir de nuestra sociedad? ¿O tal vez nos pueda acercar a la naturaleza, a nuestra biología y la construcción de la sexualidad?

Sin embargo, en los diversos foros que he visitado la opinión pública es tajante y caracteriza al suceso de hoy como una indiscreción que viola la ley y la moral. La gran mayoría de los inquisidores alegaba que el acto era una idiotez pues violaba la ley y sus preceptos morales. Al continuar mi lectura sigo sin entender por qué es tan pernicioso para la sociedad la presencia de desnudos en los espacios públicos. Según el código penal de Puerto Rico se establece lo siguiente sobre las exposiciones deshonestas:

Art. 106 Exposiciones deshonestas. (33 L.P.R.A. Sec. 4068)
Toda persona que voluntariamente expusiere sus partes pudendas o cualquier otra parte íntima de su cuerpo en cualquier sitio en que se hallare presente otra persona, incluyendo agentes del orden público, a quien tal exposición pudiera ofender o molestar, será sancionada con pena de reclusión que no excederá de tres meses o multa que no excederá de doscientos cincuenta dólares.
La pena dispuesta en la presente sección será de reclusión por un término máximo de seis meses o multa máxima de quinientos dólares si el acto tuviere lugar en presencia de una persona menor de 16 años.
Esta definición presenta varias dificultades. En primer lugar, la desnudez es problemática puesto que puede ofender o molestar la sensibilidad de otros. Nuevamente pregunto, ¿De dónde viene el malestar? ¿Es la desnudez un problema o lo son los actos lascivos y la poca consciencia que se tiene sobre la sexualidad? ¿Será la desnudez el problema o la cultura patriarcal, opresiva y dirigida por una escasa educación sexual y de género? Según la ley, la desnudez pública es un delito puesto que requiere la presencia de otras personas pero ¿acaso esto incluye la presencia virtual de terceros? ¿Qué podemos decir entonces de la pornografía, de la sexualización de nuestros cuerpos y la continua contradicción presente en los medios de comunicación?

En uno de los noticieros del país aparece una ilustre reportera planteando que “la actuación de los artistas estuvo indiscutiblemente fuera de lugar” pero curiosamente no ofrece un argumento explicando la falta cometida máxime cuando el teleinformativo al que pertenece se dedica a presentar noticias sobre asesinatos, corrupción, vejaciones y no aporta información útil para la formación de las personas a las que intenta salvaguardar. Incluso se podría argumentar que el noticiario en cuestión ofrece información psicológica y socialmente más destructiva. De igual forma tampoco se distingue con claridad cuál es el lugar adecuado para este tipo de actividades perniciosas. De manera indirecta es posible interpretar que el arte está fuera de lugar, que la expresión alternativa de significados e imaginarios está fuera de lugar y que aquello que atente contra la norma también está fuera de lugar.

En estos menesteres, la ciudadanía experta de las redes sociales plantea que la democracia defiende la tenencia de derechos y se escudan tras la frase de que “los derechos de uno terminan donde empiezan los del otro”. En primer lugar es necesario aclarar que los derechos de nadie empiezan y terminan en la frontera de los derechos del otro. Esto es imposible porque todos participamos de los derechos y formamos una red que nos interconecta como seres humanos de derechos y deberes. Este es precisamente el problema que nos presenta el incidente en cuestión. Para unas personas la desnudez es un problema, para otras es algo perfectamente natural y según el código penal la desnudez pública es un crimen. Es aquí donde debemos reflexionar sobre todo ese engranaje de códigos morales judeocristianos, éticos y normativos que condicionan nuestra realidad y sobre todo saber determinar racionalmente lo que constituye la violación de los derechos ciudadanos. Más aún  es importante que sepamos reconocer cuando la tiranía de la mayoría se superpone a lo ético y ciudadanamente correcto y poder identificar de manera justa lo que realmente atenta contra el desarrollo de las potencialidades humanas. Solo así podremos construir un país centrado en parámetros éticos y de justicia alejándonos poco a poco del imaginario fundamentalista que tanto nos anquilosa, restringe y ancla en la intolerancia.

Por. Víctor A. Meléndez  

Saturday, December 21, 2013


Todo eso…
 
                                               A ustedes dos, por darme la mayor de las alegrías en el momento más inesperado.
 
Llueven buenas noticias
Me entero de tu llegada
Llueven miradas y risas
Eres la más esperada.

En esa primera impresión se tensan nervio y garganta
Tiembla un poco la voz y se entrecruzan las miradas.
Clavamos ojos en par sobre esa prueba incierta.
Procreamos rostros incrédulos frente a esas barras maestras.

Un artefacto plástico parece determinarlo todo.
Del antes al después y nuestra palidez en los rostros.
Se asoma un terror, que no es como cualquier otro
Es grandioso y espeluznante… créeme lo sabemos nosotros.

Llueven buenas noticias
Me entero de tu llegada
Llueven miradas y risas
Eres la más esperada.

Siguen cayendo los segundos y el suelo se levanta.
Ves toda tu vida pasar en un instante que se apaga.
Surgen proyectos sobre proyectos, ideas sobre el futuro
Que de un segundo a otro parecen caer en desuso.

Volvemos a la fase uno,
Mirada sobre mirada, suspiro sobre suspiro.
Es el despliegue de la ilusión
Pero yo aún no lo calculo.

Llueven buenas noticias
Me entero de tu llegada
Llueven miradas y risas
Eres la más esperada.

Comienza a aclarar el panorama
Y se me llenan los ojos de risa.
Al verte incursionar a la vida
Se me olvida tanta desidia.

Es el monumento a la grandeza suprema
Donde se funden dos amores en una sola promesa.
Solidaridad, respeto y amor
Educación, valores y gesta.

Hemos triunfado una vez más
Hemos creado lo más hermoso.
Ese es el fruto del amor
Que hoy camina entre nosotros.

Llueven buenas noticias
Me entero de tu llegada
Llueven miradas y risas
Eres la más esperada.

 

Por. Víctor A. Meléndez
25 nov 2013

 

 

Saturday, September 14, 2013

De lo risible a lo trágico… un paso es

Un día cualquiera, como cualquier otro, surgieron esas contradicciones diarias que a nadie asombran. Un día cualquiera como el 6 de septiembre de 2013 se para un hombre negro de semblante imponente y con voz convincente y habla en beneficio de la humanidad. En su discurso urge a sus conciudadanos a entender la magnitud de la situación  pero sobre todo invita a sus compañeros de juego a una singular ocurrencia. 

          Señala, este respetable señor, que en algunas ocasiones la mayoría no tiene la razón, que cada cual debe tomar decisiones trascendentales y distanciarse, en la medida de lo posible, de los “saberes populares”. Esos saberes vulgares y pueblerinos que sólo en contadas ocasiones ofrecen información útil para los individuos importantes. Un consejo muy útil, en dependencia de dónde provenga. 

Invita, este ilustre caballero de la justicia, a que se violente un acuerdo fundamental de las sociedades democráticas.

¿Qué tal si olvidas la voluntad de tus constituyentes y piensas en lo que es mejor para América? Dice, como suelen decir algunos “americanos”, al referirse a su país y por añadidura al resto del mundo.

Acto seguido prosigue a invitarnos a no olvidar la importancia de las guerras mundiales, como para añadir fuerza a su planteamiento salvador, situación que no deja de insultar mi integridad moral y cívica y me obliga a contestarle.
 

 ¡Cierto es señor presidente de los Estados Unidos de América!… ¡Cierto es!

No podemos olvidar las primeras dos guerras mundiales. Tampoco podemos olvidar la posibilidad de una tercera a juzgar por la irresponsabilidad de sus acciones. Está prohibido olvidar, por añadidura, el uso de agente naranja sobre nuestras tierras. Es prohibido olvidar las múltiples pruebas con sífilis y otros bienes sobre poblaciones de América Latina. Esto sin contar los golpes de estado.

Por supuesto, tampoco podemos olvidar que los países democráticos obtienen su poder de la voz mayoritaria.

No olvidemos, por supuesto, que la democracia representativa es, ¡eso mismo! Un modo de organización política en el que aquellos elegidos por la mayoría tienen el deber fundamental y básico de responder en favor de los intereses de aquellos a los que representan. No olvidemos tampoco, que fue usted recipiente, hace unos años atrás, del Premio Nobel de la Paz. Premio que se verá seriamente comprometido y tal vez manchado de sangre tras una intervención unilateral a la que se opone gran parte del “saber popular”. No olvidemos tampoco que el conflicto de Siria no es nuevo, que en el pasado había muerto gente pero les hacía falta una excusa de intervención. No olvidemos, además, que son los EE.UU una excelente fábrica de “excusas” cuando del interés nacional se trata. Interés que en muchas ocasiones no tiene tanto de nacional puesto que no va a las par con el del resto de la nación.  En definitiva, no olvidemos qué es la política y qué es la democracia. Y en caso de que nunca lo hayamos tenido claro… ¡clarifiquémoslo!


Clarifiquemos que bajo todo régimen democrático la soberanía recae sobre el pueblo, sobre los constituyentes. Sobre esas personas que por una u otra razón han delegado su poder en manos de aquellos que se hacen llamar "capaces". En otras palabras, el discurso del presidente resulta en un abierto atentado contra toda ética de gobierno democrático. Un atentado contra sus constituyentes, contra el mundo y contra la conciencia. Es una burla al poder ciudadano que redunda en el enaltecimiento de la mentira en aras del interés de unos grupúsculos. Unos grupos que viven del capital, de nuestro sacrificio y de la ignorancia. Por eso, ante este escenario deberíamos comenzar por  preguntar. ¿Hasta cuándo?... Seguido por un pensamiento transformador...
 
Escrito por: Víctor A. Meléndez

Thursday, September 12, 2013



 
La magia de la despolitización

 
 "Soberanía y estado civil están pasando a ser gobierno efectivo y poder arbitrario: la mayor parte de los instrumentos y técnicas de control social se reproducen ya sin una base última de apoyo, garantía o incluso consentimiento popular. El fenómeno se conoce, entre otras fórmulas, como distanciamiento entre clase política y sociedad, como desafecto."
- Oriol Farrés Juste

Hace escasamente unas horas leí un fabuloso comentario en una red social en el que una colega descargaba su odio acérrimo contra el gobernador puesto que éste andaba “politizando” la celebración de la victoria de nuestra selección en el torneo de clasificación al mundial de baloncesto. Fue un comentario interesantísimo aunque, tristemente, nada fuera de lo común en Puerto Rico donde todo aquello que huele a política resulta ser un problema de grandes proporciones.

En primer lugar, considero apremiante reflexionar sobre el hecho de entender como negativo el gesto de “politizar” algo. A decir verdad pienso que deberíamos ir un poco más atrás y cuestionarnos ¿qué es eso de politizar una situación?
 
Politizar, según la RAE (Real Academia Española) significa:
 
1. Dar orientación o contenido político a acciones, pensamientos, etc., que, corrientemente, no lo tienen.

2. Inculcar a alguien una formación o conciencia política.

Al observar las definiciones parecería que el dilema está resuelto ya que es evidente que no existe necesidad alguna de atribuir significados ni contenidos político partidistas a actividades que no lo contienen. Esta premisa, naturalmente, es engañosa.
 


Reflexionemos un poco sobre estas disposiciones. Es necesario atender algunas consideraciones sobre el hecho de la politización. En la definición ofrecida se habla de orientación y/o contenido político lo que nos invita a cuestionar, en efecto, qué es eso de contenido político.
            
          Recordemos que la política no se reduce a la descripción vulgar y comúnmente conocida del escenario “político-partidista puertorriqueño”. Donde unos individuos con presencia medianamente aceptable se enfrascan en batallas que, en muchas ocasiones, no tienen sentido y terminan por derrumbar cualquier interés político en el electorado. En cuanto a política me refiero a todo acto relacionado al ejercicio del poder. A base de esta definición es posible encontrar política en las relaciones de pareja, en el diálogo entre profesores y alumnado y en las relaciones entre empleados/as y empleadores/as entre muchos otros ejemplos. El poder se encuentra en todas las esferas de la vida del ser humano, y por consiguiente también lo hace la práctica política.

Existen relaciones políticas entre padres e hijos/as, entre compañeros de trabajo, entre policías y ciudadanos/as, en fin, entre todo el mundo. A esta situación se le añade la gestión gubernamental, dominada por los partidos y actores políticos pertenecientes al aparato de dominación. Éstos, que a su vez se encuentran estrechamente relacionados a otros actores como los grandes empresarios, narcotraficantes, bonistas y grupos religiosos a los cuales les deben gran parte de su poder. Una gestión que no deja de ser política pero que sin embargo a pocos parece inquietar.

Ignorancia2


En sintonía con el planteamiento en cuestión resulta necesario preguntar: ¿Si todo lo que hacemos está relacionado al poder, a las ideologías político-económicas y al interés cultural por qué deseamos extirparle el matiz político a las actividades sociales? El deporte, como toda actividad social, abraza el contacto entre individuos y constituye una actividad comunicativa multifactorial donde el poder, nos guste o no, siempre está presente. En cualquier diligencia que involucre competencia, donde existan rivales o puntos encontrados la política siempre estará presente.

A esto habrá que añadir que nuestra selección ha participado en el torneo gracias a la gestión de diversas agencias gubernamentales y/o auspiciadores, situación que se torna evidentemente política.
 

En otras palabras, es necesario romper con el mito de que la política es “mala”. Es imprescindible condenar  y demoler esa aura ficticia que, muy hábilmente, han creado tanto los mismos políticos como los medios de comunicación con la que pretenden desvincular al ciudadano promedio de “la política”. Es necesario abolir esa noción de que la “política real” es para “los políticos” y comprender de una vez que todo lo que ocurre en nuestro entorno es de naturaleza social, económica y por supuesto... ¡Política!

 
Según Aristóteles el ser humano es un animal político, necesita de los demás y se relaciona con éstos a través de la gestión del poder. Entonces, cómo es posible que creamos que el poder y “lo político” no forman parte de todas las esferas de convivencia. Es muy penoso que se visualice de forma negativa la politización de la vida máxime cuando su “despolitización” conlleva a la apatía, a la ignorancia y a un interés genuino por desinteresarse por la toma decisional.

 
Escrito por: Víctor A. Meléndez
 

 

·         Farrés Juste, Oriol. (2010): “El trasfondo económico de la ciudadanía”. En Democracia sin ciudadanos: La construcción de la ciudadanía en las democracias liberales, Camps, Victoria (ed). Editorial Trotta, Madrid, 2010.

 

 

 

 

Tuesday, September 10, 2013

¿En dónde estacionamos nuestra humanidad?


      Recuerdo que cuando era un poco mas joven de lo que soy ahora, mis padres y yo nos pasábamos paseando los fines de semana. Saliendo a comer, viajando a otros países, disfrutando de la compañía de amistades, familiares y compañeros(as) de trabajo y/o escuela. Muchos de los momentos mas bonitos estaban fundamentados en el acceso económico que tenían mi padre y mi madre, en los valores que me habían inculcado y en parte, a que el progreso tecnológico tenía implicaciones dirigidas al entretenimiento sano y no a un enfoque mecanizado del ser humano.

        Sin embargo, pasa una década y el aspecto sociocultural de las nuevas generaciones comienza a cambiar. Se nos dificulta comenzar una conversación con un(a) extraño(a), mirar a los ojos de la persona con la que conversamos, hablar de nuestras emociones y/o de los problemas que enfrentamos a diario. Ahora lo escribimos, lo manipulamos, lo compartimos y lo olvidamos. Todo funciona en instantes. Instantes tecnológicos, computarizados, virtualmente distantes de nuestra realidad. Nos creemos todo lo que leemos, citamos "estudios" e "investigaciones" como si fueran trabajos empíricamente revisados y con utilidad para la humanidad.

      Nos convertimos en opiniones. Se nos hace más fácil decir lo que pensamos utilizando un teclado que enfrentar a otro humano.  Las pantallas televisivas han hipnotizado a nuestra población envejeciente mientras que las pantallas computarizadas van ocupándose de las generaciones nacientes. Dejamos en el olvido el hecho de que somos seres vivientes, que nuestra naturaleza nos pide comunicarnos, sentirnos, tocarnos, escucharnos. 




      ¿En dónde estacionamos nuestra humanidad? 

      Todavía lucho contra la concepción de que se nos haya olvidado salir a la calle, jugar escondite, correr bicicleta, patineta o patines, salir a la playa los fines de semana, cenar con la familia en una mesa y no frente a un televisor, criar con deportes, arte, música y enseñar nuestra historia puertorriqueña a nuestros/as estudiantes e hijos/as. Tener ganas de ser alguien más que un ciudadano, de no rendirnos frente a situaciones difíciles, de poder luchar por lo que creemos que esta bien o que esta mal. Aprender a ser compasivos y empáticos con nuestros/as amigos/as, hermanos/as, conocidos/as y desconocidos/as. 

      Podría ser que mi extrema obsesión por observar los cambios que da la vida me ha contagiado con una realidad que ya no volverá. Pero siempre añoro los momentos en que llegaba a casa con las medias blancas de color marrón por haber jugado en el fango, o con las rodillas peladas porque me caí corriendo mientras llegaba a la "base" de "pillo y policía" o "chico paralizado". O tal vez, se me olvidó lo que significaba dar un abrazo o un beso que no fuera para saludar o despedir a un/a ser querido/a. 




      Definitivamente puedo decir que todo cambia, que los recuerdos permanecen y que aprendemos de algunos errores mientras que otros los ignoramos. No obstante, sería triste que llegue el día que mis futuros(as) hijos(as) (si es que algún día tengo) y/o futuros(as) nietos(as) solo conozcan lo que es sentir el amor a través de una pantalla. 






                    Escrito por: Abram Fuentes Sumaza